Asociación Torrijos 1831 10/01/2026
Nuestro presidente, el historiador y dibujante de cómics históricos, Esteban Alcántara, entregó el pasado 7 de enero un ejemplar del la última edición de su libro “1487: la conquista de Málaga”, alcalde D. Francisco de la Torre, en su despacho del Ayuntamiento, mostrándose el edil muy agradable con el autor y su obra; un trabajo cultural y artístico muy reconocido por aquellos que a través del cómic histórico buscan el pasado de Málaga. La obra ha sido reeditada por segunda vez, por Ediciones del Genal, con una notable presentación que tuvo lugar el pasado mes de diciembre en la muy conocida librería Proteo. En esta edición, la obra ha aparecido con todas sus páginas al completo y, además, a color (pasada a acuarela por el propio autor), a diferencia de la primera edición de 1993, que se editó en blanco y negro. A través de los detallados dibujos del libro, el lector tiene la oportunidad de ir recorriendo los bastiones, murallas y edificios históricos que configuraron la Málaga musulmana de 1487.
La línea del autor.
“Hace treinta y dos años, cuando por primera vez publiqué “1487: la conquista de Málaga”, corrían mejores vientos para la tolerancia y, también, era más evidente el respeto hacia personas de otras culturas y latitudes…, al menos esa es mi percepción. Pienso que hoy, todo anda más radicalizado, más intransigente. Existe un creciente rechazo por el diferente, por el minoritario, por personas de otros lugares y continentes, integrantes de otras culturas y religiones; y lo peor, la insolidaridad contra los más indefensos, aquellos que en peores situaciones están, practicándose de forma ostentosa los desprecios en palabras y obras. Yo soy andaluz, pero de pequeño no viví en Andalucía, por lo que también tuve mis experiencias no agradables, por ser minoría en tierras lejanas de mi Málaga, entre ellas porque al hablar siendo un niño con el seseo andaluz, llegué a padecer no solo burlas, sino hasta castigos corporales en los colegios aplicados por maestros. También, por lo que tenía que oír casi a diario, sobre la mala fama que se le daba a los andaluces de Despeñaperros para arriba (vagos, informales, indolentes, ignorantes…), y las frases machaconas que nunca podían faltar como «andaluz fullero» o «malagueño es el peine para que no peine». Supe de la soledad discriminada capaz de crear un cerco invisible a tu alrededor, esa que te marca el grupo predominante, consciente de la ventaja que por el número te lleva, y que me dificultaba la integración sólo por provenir del sur. Al ser humano le cuesta entender que las circunstancias de donde nacemos, así como a la cultura y religión a las que pertenecemos, no proviene de un dedo divino que nos colocó aquí o allá, por ser unos «elegidos», sino que es una auténtica casualidad de la naturaleza para cada ser humano. Una cuestión de pura suerte, como es la de existir o la de no haber tenido vida nunca.
Cuando de pequeño, en los veranos regresaba a Málaga, mis padres me llevaban a pasear por la Alcazaba y el castillo de Gibralfaro. Entonces, me quedaba maravillado al ver sus torres y grandes murallas. Mis padres me contaban que los habían construido los musulmanes, percibiendo, ya entonces, lo que ellos habían aportado a Andalucía, durante sus ocho siglos de permanencia.
Pienso que el cómic no debe presentar sólo una calidad artística, sino que debe de transmitirnos ética, destacando el ejercicio del buen proceder que debe prevalecer siempre hacia los seres humanos. Desde un principio, quise que «1487: la conquista de Málaga» plasmara un respeto y comprensión hacia otras etnias y, especialmente, a las religiones presentes en aquella Málaga sitiada: islámica, hebrea y cristiana, y que el bien de la tolerancia existiera. Pienso que por ese ideal mostrado en el libro, no fue casualidad, que el día de su presentación en diciembre de 1993, hubo en el aforo, musulmanes, judíos y cristianos. Fue una experiencia muy positiva para mí, y pienso que para todos los presentes, en general. Sin embargo, tanto en el relato como en las imágenes del libro, no debían sustraerse los males e intransigencias de la época como, por ejemplo, que Dios estaba siempre a favor del bando propio. Y es que todavía habría que esperar a 1517, para que Erasmo de Rótterdam escribiera su Querela Pacis (Lamento de la Paz), y otros textos que expandieran una evolución diferente en cuanto al punto de vista del Dios “aliado”. Eran los destellos del Renacimiento. El concepto de la tolerancia no comenzó hasta el siglo XIX, con la llegada de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. La libertad de creencia, opinión y expresión, se convirtió en un derecho inalienable ligado a la libertad de tomar las propias decisiones y de juzgar en conciencia. Sin embargo, no debemos perder de vista, que la decisión individual de obrar en conciencia, siempre ha existido, y perdurará en los seres humanos frente a las conductas generales y la imposición de los poderes; y esa conciencia, ese obrar diferente, aparece en varios personajes del libro, oponiéndose con valor al fanatismo, las supersticiones y la ignorancia, imperantes”.

